3 de abril de 2010

Sin título

No se quema mi aliento más;
con una fina brisa salada se abren
corazón y pulmonaes a caricias aéreas
que alegran el alma antes atormentada.

No escucho demasiado el pasado,
lo olvido para no sufrir de más,
para no extrañar, para no temer.
Prefiero sentir y soñar
que mañana el árbol de la vida
y los alebrijes serán verdad,
que mi mundo un retrato de mis anhelos será.

Que conmigo ella estará
y nunca de mi lado se irá.


Iqui Balam
Sept 2009-Abril 2010

12 de diciembre de 2009

Sheltering sky

Because we don't know when we will die, we get to think of life as an inexhaustible well, yet everything happens only a certain number of times, and a very small number, really. How many more times will you remember a certain afternoon of your childhood, some afternoon that's so deeply a part of your being that you can't even conceive of your life without it? Perhaps four or five times more, perhaps not even that. How many more times will you watch the full moon rise? Perhaps twenty. And yet it all seems limitless.

Narrator. Sheltering Sky. Bertolucci. 1990

22 de julio de 2009

Amor Eterno - Gustavo Adolfo Bécquer

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡Todo sucederá! podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

19 de abril de 2009

I’ve lost my yellow basket - Ella Fitzgerald


Gustave Dore - Inferno - Canto 3

Así es la vida, una colección de días como éste: no alegres, no tristes, con momentos agradables y momentos difíciles, con blues en el ambiente y en mis oídos, con melancolía, con ganas de reír y de llorar, simultáneamente, con sueño y esperanza, con desilusiones y temores, así son los días normales. De pronto mi mente me engaña y trata de decirme que soy feliz, pero cuando capto el mensaje la felicidad se disipa, en otras ocasiones me pide que llore, que grite de rabia, que deje de hacer lo que hago, pero es ella misma quien se contradice e impide que haga algo así.

Cada vez son más pesadas estas espaldas que antes sentía volaba con ellas. El sonido de la trompeta, hermoso, no me evoca pensamientos de una felicidad próxima, más bien me recuerda el pasado que se ha ido y no regresa (y no lo hará). El piano me recuerda momentos como éste, distantes, en los que creaba mis pensamientos más profundos. La voz de Ella me recuerda mi soledad, en medio de tanta gente.

Pues bien, la escritura no me va ni me viene, simplemente está aquí, ahora, como estuvo ayer y me estará mañana. De cualquier manera, estoy triste, pero me siento tranquilo, mis sentimientos y pensamientos me confunden. Como escribí hace poco en una de las copias que uso para estudiar, no somos más que animales –simplemente animales –.

Así que he pensado dejar de lado mi raciocinio, pero desgraciadamente es un peso que debo seguir cargando para seguir escribiendo, operando, creando, olvidando, aprendiendo. Somos el animal más vanidoso, egoísta y traicionero. Somos la culminación, ¡¿Errada?!, de la evolución.

¿Qué hago aquí? Seguramente algo bueno, si no, prefiero la muerte.

Iqui Balam

10 de abril de 2009

Café

El ambiente inundado de Wes Montgomery, comiendo pan danés con manzana y bebiendo café negro. En la soledad del estudio encuentro un remanso ansiado. Se escapa todo conforme las palabras se van depositando en la hoja: el tiempo, la vida, los recuerdos, las estaciones… inclusive el aroma del café pierde fuerza y el lastimero sonido del jazz se desvanece.

Oscurece, el día comienza a adoptar los tonos grises que caracterizan su final mientras pienso en una noche color sepia, en donde vea el entorno a través del café que reposa en el fondo de mi tasa.

Ajeno a lo que me rodea, cansado, solo, busco refugio en el fondo del recipiente y descubro un mundo en el que las cosas son lo que son, y no lo que aparentan o nos hacen creer. No veo diferencias entre blanco, amarillo o negro. Todo está lleno de matices que progresan del caqui al marrón.

Doy un sorbo, para no ahogarme con el frío y la soledad, y descubro un sabor diferente a todos los de antes, en ocasiones amargo, unas veces suave y endulzado, otras acompañado de un poco de leche o crema, con espuma o vino. Hoy lo encuentro sincero, sin disfraz, como me gustaría conocerme y conocer a muchos a mi alrededor.

El café que estoy tomando ahora no es amargo, tampoco dulce o quemado; sabe a guardia, lectura, sollozo, sonrisa, pésame, silencio, alboroto; a fogata, desvelo, mañana, tarde, calor, frío; sabe a la vida que ha desfilado frente a mis ojos –y boca, manos, garganta, mente- … sabe también a pasado, a futuro. Sabe a nostalgia cuando no sabe a otra cosa.

A eso me sabe el café, mi vida sin él sería la misma, y a la vez, completamente diferente.

Iqui Balam tomando café, 4 de septiembre de 2008. 17 de enero de 2009.

7 de abril de 2009

Uno más/ SI UNA ESPINA ME HIERE.../ Amado Nervo


El primer poema que me aprendí en la primaria. Me encanta. Amado Nervo. Julio 13 de 1915.


¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
...pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad
envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina,
hacia más puro ambiente de amor y caridad.

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,

se llevará las rosas de más sutil esencia;
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!

24 de marzo de 2009

Cantos de Vida y Esperanza - I - Rubén Darío


Uno de los mejores poemas de habla hispana a mi gusto, lo incluyo con gratísimos recuerdos personales.

I

A J. Enrique Rodó.

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud.... ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia...
una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», y de «¡ay!» y de suspiro.

Y entonces era la dulzaina un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de gotas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas.

Con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa verleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
si hay un alma sincera, esa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo,
bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa
en la cúpula en flor del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye de ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor —¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol— ¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la caravana pasa!

Rubén Darío - 1904